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El Show de Jota

  • Foto del escritor: Jorge Mario Sierra Marin
    Jorge Mario Sierra Marin
  • 10 abr 2016
  • 7 Min. de lectura

Actualizado: 8 nov 2018

CRÓNICA DE LA MEDIA MARATÓN DE BARRANQUILLA 2016.

Ya habíamos definido el cronograma de carreras 2016 para los viejitos de Trotones, coordinados por los profes Alfonso y Hernán. Pero como en esto de correr cualquier cosa puede pasar, nos informaron que en Barranquilla están organizando una media maratón y una carrera de 10k, para conmemorar su aniversario. ¡Barranquilla! ¿calor, humedad, primera carrera, por lo menos no coincide con ninguna otra programada, pero estamos en un punto bajo en los entrenamientos (por lo menos yo), ¿será que nos le medimos? ¡Claro que sí!!!! Les cuento a los Trotones y en un dos por tres está organizado el viaje. Como atletas vamos Silvia, Marilú, Claudia, Patri, Juan (un súper atleta amigo que se antojó de esta locura) y yo. ¡Pero la sorpresa más agradable fue cuando el profe Alfonso nos dice que viaja con nosotros, junto con Carolina!!!!¡Nos vamos para Curramba!!!

Llegamos a Barranquilla el viernes 8 de abril al final de la tarde. De entrada nos da su saludo una brisa muy fuerte y muy cálida, que nos avisa con qué nos vamos a enfrentar. Alquilamos un pequeño apartamento donde nos acomodamos bastante bien. Ese día sólo descanso. El sábado salimos temprano a hacer unos kilómetros y algunos ejercicios de estiramiento. En cuestión de minutos estoy con la ropa empapada de sudor. Yo sudo más que la mayoría de personas y por esto no le presté mucha atención a esto. Después iba a pagar este descuido. El resto del día fuimos a la feria, reclamamos el número y la camiseta, salimos a almorzar y finalmente descansamos para la carrera.

De izquierda a derecha: El profe Alfonso, Juan, Claudia, Patri, Silvia, Marilu y Jota.

Afortunadamente madrugamos mucho, pues uno de los taxis que debía recogernos para llevarnos al sitio de salida no llegó y el otro estaba convencido que lo podían multar si manejaba a más de 30 kilómetros por hora. Pero finalmente llegamos. Un sitio muy bonito y una brisa que nos movía como a ramas. Yo ya había revisado la altimetría de la carrera y les había avisado a todos: muchas subidas y bajadas en el recorrido. Uno cree que por ser ciudad costera la carrera iba a ser muy plana, pero no. En la salida nos despedimos de El Profe y Carolina. Juan se ubica bien adelante, cerca de los profesionales y nosotros quedamos en un punto intermedio. Salimos juntos los de 21 y los de 10 K. Arranca la carrera en punto y mis nervios se disipan un poco. ¡A correr!!!!

Antes de la salida

¡Salimos! Los 3 primeros kilómetros son por una avenida muy amplia y tenemos la brisa pegando duro a favor. Me imagino como será cuando estemos de regreso pues esta parte la debemos tomar en sentido contrario para terminar. Voy más o menos bien, ninguna molestia, bien la respiración, 6:15 por kilómetro, las primeras subidas suaves. Sé que seré el último del grupo, pero eso nunca me ha preocupado y espero terminar en algo así como 2 horas 20 minutos.


Kilómetro 7, me tomo el primer gel y la primera pastilla de sales. Estoy recibiendo agua y bebida isotónica en todos los puntos para contrarrestar la deshidratación. Sin embargo, en el kilómetro 9 no me siento bien. Estoy muy cansado para llevar solo 9 kilómetros. Siento muchísimo el calor y trato de refrescarme mojándome la cabeza y el cuello con el agua que me dan, pero no pasa nada. Noto que mis zapatos empiezan a sonar pues están empapados de sudor. Las subidas que sé que van hasta el kilómetro 14 me están matando. Me alcanzan 3 corredores locales y los oigo conversar: “¿oye que sigue adelante?”, “se voltea por la vía del ÉXITO”, “no jodaa, más subida”. ¡Quién me manda a escuchar!


¡Me siento muy cansado y ya me enteré que en verdad todavía me falta subir!!! Estoy pensando seriamente en empezar a caminar, aunque sea por un rato. Pero en ese momento ocurre algo difícil de explicar, en especial para las personas que como yo somos poco espirituales. Estoy usando la misma camisa que mandamos a hacer para el maratón de Miami, pues tiene mi apodo Jota adelante y atrás. Además, en la parte inferior de atrás dice que estoy corriendo en memoria de mi amigo Cesar, esposo de Marilú nuestra compañera, que falleció al final del año pasado. Cuando estoy a punto de empezar a caminar, alguien me toma del brazo. Es otro corredor que me acaba de alcanzar y que ha leído mi camisa. Me mira y me dice: “¿todavía estás corriendo por Cesar?”. Le contesto: “claro que sí”. Me da la mano y me dice: “Ánimo, por Cesar”. No puedo parar. Va por Cesar, aunque me esté sintiendo súper mal, no voy a parar.


Me arrastro a mi paso de babosa y logro llegar al kilómetro 14, donde se acaban las subidas. De acá al 18 es en bajada y los últimos 3 planos en la avenida de la brisa de frente. Me tomo el otro gel y la otra pastilla de sales. Espero ansioso que esto me recupere un poco, pero nada. Solo siento un cansancio brutal. De pronto veo a Patri sentada en la acera. Patri es nuestra corredora más fuerte. Me dice que tiene una lesión en la rodilla que no la deja correr más. Que se retira y que nos vemos en la meta, pues va a tomar un taxi. No recuerdo que le dije, pero en mi cara se debía notar la sorpresa de que precisamente ella, que es la más fuerte se retirara.


Mi alegría porque se acabaron las subidas y estuviéramos bajando no me dura nada, pues me doy cuenta lo que me está costando cada paso. Es como si me hubieran quitado las pilas. No tengo fuerzas. Cada vez voy más despacio. Me imagino que mi ritmo y mi cara producen lástima, porque los pocos que quedan viendo la carrera me animan mucho: ¡vamos Jota!!! O es posible que no esté oyendo el resto de la frase que puede ser: ¡vamos Jota, quítate de ahí y deja de estorbar!!!!


Antes de terminar el descenso siento un corredor que me está alcanzando (no puedo creer que todavía hay gente detrás de mí). Es Patri. Me dice que termina como sea. Esos son mis Trotones, no corremos muy rápido, pero le ponemos el alma. Y a pesar de su lesión, Patri se va y se va. No puedo seguirla. Ahora cada que siento un ruido detrás de mí, creo que es el bus escoba que anunciaron a la salida. No miro para atrás. Si vienen por mí, se fregaron porque esta vaina la termino aunque me muera.


Faltan 3 kilómetros. Entro en la avenida y la brisa me está esperando para frenar, si es posible aún más, mi desastroso avance. Hace muchos kilómetros que dejé de mirar el reloj. Ya no me importa. Solo quiero llegar. Siento el hormigueo de la deshidratación desde la punta de mis dedos, recorriendo todos mis brazos. Divido la ruta en pequeños tramos para poder seguir. En el kilómetro 20, me doy cuenta que se me están cerrando los ojos, traigo la boca muy abierta y la cabeza me pesa mucho. Sin embargo, el cavernícola que tengo dentro se pronuncia de nuevo: esto lo termino, aunque me muera. Por Cesar, por mí, por mi orgullo.

¡Cójanme!

Último kilómetro, una recta sin fin. Veo la meta o por lo menos me imagino que eso es. Silvia, al ver que no he llegado en mi tiempo normal, que tampoco es nada del otro mundo, salió a esperarme. Apenas me ve pone cara de angustia y me pregunta que si vengo muy mal. Solo lo afirmo moviendo un poco la cabeza. Consigue un poco de bebida isotónica y me tomo un trago. Me toma por la cintura, pero me suelto. Tengo que llegar yo. Se nota en la cara de la gente que mi estado es lamentable, como si no lo estuviera sintiendo.


Y empieza el show de Jota. No me acuerdo, pero levanté los brazos en la meta. Silvia le advierte al profe y a Juan que voy muy mal. Paso la banda electrónica de llegada y trato de detenerme. Pero no tengo fuerzas ni para eso. Se me doblan las rodillas y Juan y el profe me agarran un segundo antes de que me dé “de jetas contra el planeta”. Me toman por los brazos, pero no soy capaz de levantar siquiera la cabeza. Llega la cruz roja y me acuestan en una camilla. Ahí, es como en las películas. Los veo hablando, pero no los oigo. Voy cerrando los ojos. Estoy muy cansado. No veo, no oigo, no siento. Mauricio, un socorrista, me da un golpe en el pecho y me dice que no cierre los ojos. Me demoro en entender lo que me pregunta, pero les respondo en susurros que estoy bien. Silvia está llorando en una esquina. Claudia llega y me pega en la cara varias veces. En fin, el show de Jota es monumental. Una de las señoras que entregan las medallas se acerca para revisar si vale la pena entregarme la mía.


Poco a poco vuelvo. Me revisan muy bien, me toman la presión y el dictamen es una deshidratación monumental.


Finalmente me puedo levantar después de un rato, me toman nuevamente la presión. Me hidrato lo más que puedo y empezamos a hablar de todas las cosas que nos pasaron en la carrera. De pronto Claudia me mira seria y me dice: “casi cumples tu sueño, morirte haciendo lo que más quieres”. Me río, pero también pienso mucho en ello. Claro que sí, pero no quiero que sea todavía. Lógicamente no me quiero suicidar, es sólo que no me quiero morir enfermo, cuando sea el momento.

Al final, una ruta muy bonita, una carrera muy bien organizada, Juan fue tercero en la categoría abierta. Esta carrera la terminé por Cesar, por mí, por mi equipo Trotones, por mi familia que se sacrifica tanto. Y en especial, porque esto es lo más me gusta hacer, pase lo que pase.


Jorge Mario Sierra Marín

Maratonista

2 Comments


Jorge Mario Sierra Marin
Jorge Mario Sierra Marin
Nov 16, 2018

Jajajajaja Gracias Vero. No se si estuvo bien terminar esa carrera, pero fue una decisión que solo los que corremos podemos medio entender.

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v.arana
Nov 12, 2018

Quién te tomó esa foto!!!!!! No, qué susto! Pero... Felicitaciones! Tremenda determinación!

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